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Art29

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¿Cuántas vidas salvó el trueque?

 

por Rúbén Ravera

23 Sep 2008

 

 

Un estudio de la Fundación Favaloro reveló el otro genocidio en la Argentina: el de la salvaje implantación del modelo económico neoliberal. El sistema de trueque sin lugar a dudas evitó que sus efectos fueran más desvastadores.

 

Escuchaba esta mañana un reportaje a un destacado investigador de la Fundación Favaloro. Explicaba los detalles de un estudio revelador sobre la influencia que tuvo la crisis política y financiera de 2001 sobre la salud cardiaca de los argentinos.

Según los datos que aportó, corroborados por universidades de los Estados Unidos y basados en estadísticas que no pretendían analizar este punto, más de 20.000 muertes por ataques al corazón y 10.000 infartos de miocardio estuvieron asociados directamente a esos hechos de la historia argentina: renuncia del vicepresidente “Chacho” Alvarez, Corralito, Corralón, Devaluación etc.

 

Esto es un hecho concreto basado en evidencia rigurosa y evaluado con criterio científico. Sin embargo nos podríamos preguntar ¿Cuántos no murieron gracias a la expansión del trueque y a otros sistemas solidarios? No hay aún respuestas cuantitativas para este interrogante pero pronto habrá formas de deducirlo.

 

Conceptualmente debemos aceptar que comparativamente los efectos de la crisis bancaria tuvieron resultados semejantes al de genocidios como el de la dictadura del 76′, tragedias como las grandes epidemias, terremotos, tsunamis, incendios o conflagraciones bélicas.

 

El trueque en esos meses de confusión política y económica (cinco presidentes en un mes, confiscación de depósitos etc.) actuó como una verdadera “arca diluvial” o “refugio” para que muchísima gente no corriera la suerte de los que se quedaron paralizados en su casa, acorralados y sin saber que hacer. 

 

Sin embargo, contrariamente a lo que debería haber ocurrido, hoy el trueque está proscrito en los medios de comunicación y criminalizado a pesar de que sigue funcionando, reactivado y fortalecido, como lo estaba antes de la crisis (1995-2001). Esto está vinculado a que al poder no le conviene que este sistema prospere y se conozca cabalmente. Por eso muchos personajes conspicuos declaman y vociferan que “el trueque está muerto” para que la experiencia no pueda convertirse en una opción de mercado.

 

En este sentido convengamos que el mundo se torna cada vez menos hospitalario para la mayoría de la humanidad. Sólo algunos lugares de Europa, Norteamérica y Asia son confortables pero los problemas inherentes al agua, los alimentos y la energía son cada día más difíciles de resolver. 

 

Por eso ya se habla de un “excedente social” que, valga la redundancia, “sobra” en el planeta. Tan solo hay que hay que observar lo que está ocurriendo en las fronteras entre España y Marruecos o entre México y Estados Unidos. Como ejemplo vale el hecho de que los trabajadores que antes veíamos en el campo, las fábricas y los puertos ya no están ni son necesarios. Los han reemplazado las máquinas, los robots y las computadoras.

 

No nos engañemos, el objetivo es claro. Por eso, aniquilar al trueque, una herramienta que mostró su efectividad en el momento de la crisis aguda con una capacidad que otras organizaciones sociales no pudieron mostrar, incluyendo por supuesto al mismísimo gobierno, es algo que hay que desterrar de nuestra historia y de la memoria colectiva. Y para eso siguen trabajando esos personajes nefastos cuya labor es desacreditar la actividad del trueque y destruir la reputación de sus dirigentes ya que el único peligro que entraña en contra de este “statu quo” genocida, que reina a sus anchas en el planeta, es que funcionó!!!.

 

Esto a diferencia de los programas y proyectos diseñados por los “expertos en pobreza” que lo que hacen entre otras cosas es “hablar” y “cobrar suculentos sueldos” (en blanco y en negro) de “Gobiernos, Universidades, FMI, ONU, Banco Mundial, BID, FAO, PNUD y vaya uno a saber que otros recónditos lugares”.

 

Lamentablemente en otros países, como Turquía, no dispusieron de esta ingeniosa construcción comunitaria como son los clubes de trueque durante sus respectivas crisis financieras y es probable que las muertes por enfermedad o suicidio hayan sido superiores a las nuestras.

 

En este sentido es interesante citar al amigo Eduardo Troncoso, ferviente activista de este movimiento solidario en su lugar de residencia, el país Vasco, que dice que el Club del Trueque, además de ser un gran grupo de autoayuda, es como una “Cruz Roja Económica” capaz como ninguna otra de actuar en catástrofes financieras.

 

Señalemos que estas catástrofes pueden ser sistémicas o provocadas deliberadamente. Por esto, habría que estar preparado para la próxima. Porque es poco probable que en los años venideros no ocurra otra y con más virulencia.

 

En eso hay que seguir trabajando previniendo todos los días para que los clubes de trueque estén bien armados cuando llegue el momento. Como los bomberos. Los argentinos tuvimos 30.000 ” desaparecidos” pero ahora se agregan otras tantas víctimas exterminadas con otra metodología: la financiera. Seamos conscientes de esto y evitemos que vuelva a ocurrir. ¡Nunca Más!

 


  

Texto relacionado con Art37.

 

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